Comunicacion No Violenta. Segunda Parte

A continuación la segunda parte del resumen del libro Comunicación No Violenta de Marshall Rosenberg:

La recepción empática

El filósofo chino Chuang-Tzu afirmó que la verdadera empatía requiere escuchar con todo el ser:

«Escuchar simplemente con los oídos es una cosa. Escuchar con el entendimiento es otra distinta. Pero escuchar con el alma no se limita a una sola facultad, al oído o al entendimiento. Exige vaciar todas las facultades. Y cuando las facultades están vacías, es todo el ser el que escucha. Entonces se capta de manera directa aquello que se tiene delante, lo cual jamás podría oírse a través del oído ni comprenderse con la mente.»

Algunas conductas habituales nos impiden estar lo suficientemente presente para conectarnos de manera empática con los demás:

  • Aconsejar: «Creo que deberías…», «¿Cómo es que no…?».
  • Competir: «Eso no es nada, voy a contarte lo que me ocurrió a mí».
  • Educar: «Esto puede convertirse en una experiencia muy positiva para ti si…»
  • Consolar: «No es culpa tuya, hiciste lo que pudiste».
  • Contarle alguna historia parecida: «Esto me recuerda una vez que…».
  • Minimizar: «Vamos, ánimo. ¡No es para tanto!».
  • Compadecer: «¡Oh, pobre…!».
  • Interrogar: «¿Cuándo empezó esto?».
  • Explicar: «Yo habría venido, pero…».
  • Corregir: «No, esto no ocurrió así».

Parafraseemos sólo cuando ayude a aumentar la comprensión, la compasión y cuando

los mensajes tengan carga emotiva

Detrás de un mensaje intimidante se esconden personas que nos están pidiendo

la satisfacción de sus necesidades.

Comprobamos que el otro ha recibido la empatía necesaria cuando:

  • Percibimos que la tensión se libera, o
  •  Se produce un silencio.

El poder de la empatía

Carl Rogers describió el efecto de la empatía en las personas que la reciben:

«Cuando […] alguien te escucha realmente sin juzgarte, sin tratar de responsabilizarse de ti ni querer cambiarte, sientes algo maravilloso. […] Cuando me prestan atención, me escuchan, soy capaz de percibir mi mundo de una manera nueva y seguir adelante. Resulta sorprendente ver que algo que parecía no tener solución la tiene cuando hay alguien que te escucha. Y todas las cosas que parecían irremediables se convierten en un río que discurre prácticamente sin trabas por el solo hecho de que alguien ha escuchado tus palabras.»

Cuanto más nos conectemos con los sentimientos y necesidades que hay detrás de las palabras de los demás, menos temeremos abrirnos. Por lo general, las situaciones en las que nos sentimos más reacios a revelar nuestra vulnerabilidad son aquellas en las que nos empeñamos en mostrar que somos «duros» por miedo a perder autoridad o el control de la situación.

“Decimos mucho” cuando escuchamos los sentimientos y las necesidades del otro

 La empatía ante un ¡No!

 Si empatizamos con el “no” de alguien, nos protegemos de tomarlo como si fuera algo personal.

 Como tendemos a interpretar como un rechazo el hecho de que alguien nos diga «no» o «no quiero» cuando le pedimos algo, es importante que cuando esto nos sucede podamos practicar la empatía. Si nos tomamos la negativa personalmente, es posible que nos sintamos heridos sin comprender lo que le está pasando a la otra persona. Cuando encendemos la luz de nuestra conciencia para que ilumine los sentimientos y necesidades que hay detrás del «no» de una persona, entendemos qué necesidad es la que le impide responder de la manera que querríamos.

La conexión con uno mismo a través de la compasión

 Usamos la CNV para autoevaluarnos de maneras que promuevan el crecimiento

y no el rencor hacia uno mismo.

 Cuando cometemos un error o una equivocación algunas frases típicas son:

«¡Qué tonto que fui!», «¿Cómo pude hacer una cosa tan estúpida?», «¿En qué estaba pensando?», «¡Siempre la embarro!», «¡Qué egoísta que fui!»

A estas personas les enseñaron a autojuzgarse de una manera que implica que lo que hicieron estaba mal o era una equivocación; la forma en la que se reprochan a sí mismos lleva implícito que merecen sufrir por lo que hicieron. Resulta trágico que, ante equivocaciones que cometemos, tantos de nosotros nos quedemos enredados en un sentimiento de odio hacia nosotros mismos en lugar de beneficiarnos de equivocaciones que nos revelan nuestras limitaciones y nos guían hacia el crecimiento personal.

En nuestro idioma hay una expresión que tiene una enorme capacidad de generar vergüenza y culpa. Es una expresión violenta que solemos usar para autoevaluarnos y que está tan profundamente arraigada en nuestra conciencia que a muchos nos parecería casi imposible prescindir de ella. Se trata de la expresión «debería», como por ejemplo «no debería haber hecho eso» o «debería haberlo imaginado». Cuando la usamos con nosotros mismos, la mayoría de las veces nos resistimos a aprender, puesto que la expresión implica que no hay otra opción. Cuando los seres humanos escuchamos una exigencia, sea del tipo que fuere, solemos resistirla porque amenaza nuestra autonomía, nuestra profunda necesidad de elegir. Tenemos esta reacción frente a la tiranía, incluso frente a la tiranía interna bajo la forma de un «debería».

Evite utilizar el «debería» con usted mismo

 Tómese un momento y piense en toda la gente a la que ha oído decir: «Tengo que dejar de fumar» o bien «Tengo que procurar hacer más ejercicio». No paran de decirse lo que «deben» hacer pero siguen resistiéndose a hacerlo porque el destino del ser humano no es la esclavitud. No estamos destinados a sucumbir a los dictados del «debería» o del «tengo que», vengan de afuera o de adentro de uno mismo. Y si cedemos y nos sometemos a estas exigencias, nuestros actos surgen de una energía que está desprovista de esa alegría que surge cuando contribuimos a la vida.

Los juicios sobre nosotros mismos, al igual que todos los juicios, son la trágica expresión de necesidades no satisfechas.

 El duelo en la CNV

En la CNV, el duelo consiste en el proceso de conectarnos plenamente con las necesidades no satisfechas y los sentimientos que se generan cuando reconocemos que distamos de ser perfectos. Es una experiencia de arrepentimiento, pero un arrepentimiento que nos ayuda a aprender de lo que hicimos sin echarnos la culpa ni odiarnos. Nos damos cuenta de que nuestra conducta procedió contra nuestras necesidades y valores y nos abrimos a sentimientos que surgen de esta toma de conciencia. Cuando nuestra conciencia está centrada en lo que necesitamos, nos orientamos naturalmente a pensar en posibilidades creativas relacionadas con la manera de satisfacer dichas necesidades. Por el contrario, los juicios moralistas que usamos cuando nos culpamos tienden a oscurecer tales posibilidades y a perpetuar un estado de autocastigo.

Somos compasivos con nosotros mismos cuando somos capaces de vincularnos afectuosamente con todas las facetas de nuestra persona y reconocer las necesidades y valores expresados por cada una de ellas.

 Traducción del «tener que» al «elegir

  • Escriba una lista de todas aquellas cosas que, según usted, se ve obligado a hacer, de todas aquellas actividades que sin duda preferiría no hacer, pero que a pesar de todo hace porque le parece que no tiene más remedio.
  • Una vez terminada la lista, reconozca de manera sincera que, si hace estas cosas, es porque eligió hacerlas, no porque tenga que hacerlas. Anteponga, pues, la palabra «elijo…» delante de cada una de las actividades enumeradas
  • Después de haber reconocido que usted mismo eligió llevar a cabo una determinada actividad, indague qué intención se oculta detrás de la elección completando la frase: «Elijo… porque quiero…..».

La expresión plena de la ira

El primer paso del proceso para expresar de manera plena nuestra ira consiste en darnos cuenta de que las cosas que puedan hacer los demás nunca son la causa de cómo nos sentimos.

Entonces, ¿cuál es la causa de la ira? La ira surge cuando nos enfadamos y buscamos culpables; es decir, cuando optamos por hacer el papel de Dios y juzgar o culpar a otra persona por haberse equivocado o haber hecho algo que merece castigo. Me gustaría sugerir que ésta puede ser la causa de la ira. Aunque es posible que inicialmente no seamos conscientes de ello, la causa de la ira proviene de nuestra manera de pensar.

Esto tal vez exija mucha práctica, durante la cual de manera sistemática y repetida sustituiremos conscientemente la oración: «Estoy enfadado porque ellos…», por esta otra: «Estoy enfadado porque necesito…».

Cuatro pasos para expresar la ira

Pasos para expresar la ira:

  1. Detenerse. Respirar profundamente.
  2. Identificar los pensamientos que contienen juicio.
  3. Conectarse con las propias necesidades.
  4. Expresar nuestros sentimientos y nuestras necesidades no satisfechas.

 El uso protector de la fuerza

El uso protector de la fuerza se basa en el supuesto de que hay personas que se comportan de una forma que puede resultar perjudicial para ellas o para los demás debido a la ignorancia. El proceso corrector consistirá, por lo tanto, en educar, no en castigar. La ignorancia presupone:

  1. No tener conciencia de las consecuencias de nuestras acciones
  2. Ser incapaces de ver cómo satisfacer nuestras necesidades sin perjudicar a los demás
  3. Creer que tenemos «derecho» a castigar o herir a otras personas porque «se lo merecen», y
  4. Tener alguna idea delirante, como por ejemplo que «una voz» nos ordenó que matemos a una persona.

La acción punitiva, en cambio, parte de la base de que las personas cometen actos reprobables porque son malvadas y, para enmendar la situación, hay que forzarlas a arrepentirse. El «correctivo» que les aplicamos se administra a través de una acción punitiva a fin de que:

  1. Sufran y vean el error de su proceder,
  2. Se arrepientan, y
  3. Cambien.

En la práctica, sin embargo, más que provocar arrepentimiento y aprendizaje, lo que se consigue con la acción punitiva es que la otra persona sienta resentimiento y hostilidad y que se intensifique su resistencia a la conducta que precisamente nos gustaría que adoptasen.

El precio del castigo

Cuando tememos al castigo nos centramos en las consecuencias y no en nuestros propios valores. El temor al castigo disminuye la autoestima y la buena voluntad

 En las situaciones en que no existe la oportunidad de comunicarse, como en casos de peligro inminente, puede ser necesario recurrir al uso de la fuerza protectora. La intención del uso protector de la fuerza es evitar un daño o una injusticia, nunca castigar ni conseguir que la otra persona sufra, se arrepienta o cambie. El uso punitivo de la fuerza suele generar hostilidad y reforzar la resistencia a la conducta que nos gustaría propiciar. El castigo lesiona la buena voluntad y la autoestima y desplaza nuestra atención del valor intrínseco de una acción a las consecuencias externas. Culpar y castigar a los demás no sirve para que tengan las motivaciones que nos gustaría que tuvieran.

 Cómo liberarnos nosotros y asesorar a los demás

 La CNV enriquece la comunicación interior al ayudarnos a transformar los mensajes internos negativos en sentimientos y necesidades. La capacidad de distinguir nuestros propios sentimientos y necesidades y de empatizar con ellos puede salvarnos de la depresión. Podremos entonces reconocer que en todas nuestras acciones existe un componente de elección. Al mostrarnos cómo podemos centrarnos en lo que queremos realmente en lugar de concentrarnos en lo que falla tanto en los demás como en nosotros, la CNV nos ofrece los instrumentos y la comprensión necesarios para crear un estado mental más apacible. Los profesionales que trabajan en psicoterapia y otras relaciones de ayuda también pueden usar la CNV para establecer vínculos recíprocos y auténticos con las personas que los consultan.

Expresar agradecimiento mediante la comunicación no violenta

La CNV distingue de manera clara tres componentes de la expresión de agradecimiento:

  1. Las acciones que contribuyeron a nuestro bienestar;
  2. Nuestras necesidades específicas que quedaron satisfechas;
  3. Los sentimientos placenteros que son el resultado de la satisfacción de dichas necesidades.

Decir “gracias” en la CNV:  “Esto es lo que hiciste; esto es lo que siento; ésta es mi necesidad que fue satisfecha.”

A muchas personas nos resulta difícil recibir de corazón las expresiones de agradecimiento. Nos inquieta pensar que tal vez no las merezcamos. Y nos preocupa lo que los demás esperan conseguir a cambio, sobre todo si tenemos docentes o gerentes que usan el elogio para potenciar la productividad de sus alumnos o sus empleados. A veces también nos inquieta pensar si estaremos o no a la altura de los elogios que nos hacen. Acostumbrados a vivir en una cultura en la que comprar, ganar y merecer son las modalidades normales de intercambio, el simple hecho de dar y recibir a menudo nos incomoda.

La CNV nos anima a recibir los elogios con la misma empatía que expresamos cuando escuchamos otros mensajes. Escuchamos lo que hicimos para contribuir al bienestar de los demás; escuchamos sus sentimientos y las necesidades que fueron satisfechas. Atesoramos en nuestro corazón la feliz realidad de que todos somos capaces de mejorar la calidad de vida de otras personas.

 Cuando recibimos una expresión de agradecimiento así, podemos hacerlo sin sentimientos de superioridad o de falsa modestia; la celebramos junto con la persona que nos la ha ofrecido.

Les recomiendo ampliamente leer este libro. Pienso que algunas cosas son muy mecánicas y poco naturales, creo que es una manera de que a través de un método con pasos definidos nos adaptamos al nuevo esquema, luego de incorporado sera mucho más fluido y natural, en esencia todo lo aquí expuesto puede ser aplicado y sin duda mejorará tu comunicación con los demás.

Si aún no has leído la primera parte haz click AQUI

 

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Barbara Cuesta

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