Comunicación No Violenta. Primera Parte

Este libro me lo recomendó una querida amiga. Tenemos muchas cosas en común por lo que me dijo: “si a mí me ayudo a ti también”. Y no se equivocó. Lo busqué en la biblioteca local y me dispuse a leerlo. Rosenberg nos explica de manera sencilla como comunicarnos sin violencia. Una de mis primeras impresiones fue darme cuenta de que en ocasiones puedo ser violenta al hablar, así que decidí ponerlo en práctica. Confieso que no es fácil, debes estar muy consciente y esto requiere un trabajo que tiende a agotar… pero… como todo ejercicio si vas poco a poco y lo practicas cada vez es más sencillo y natural. A continuación el resumen de este útil y maravilloso libro.

Cuatro componentes de la CNV

La CNV tiene cuatro componentes o principios que podemos verlos en el siguiente orden:

  • Primero: observamos lo que ocurre realmente en una situación dada, lo que dicen o hacen los demás. El truco consiste en saber expresarlo claramente de modo que no incorpore ningún juicio ni evaluación, poder decir simplemente que cosas que hace la gente nos gustan y cuáles no.
  • Después, una vez hecha esta observación, comprobamos como nos sentimos. ¿Nos sentimos dolidos, asustados, alegres, divertidos, irritados, etc?
  • En tercer lugar decimos cuales de nuestras necesidades guardan relación con los sentimientos que hemos identificado.
  • Por último nos centramos en lo que esperamos que haga la otra persona para enriquecer la vida de ambos

Ejemplo

Félix, me molesta ver dos calcetines debajo de la mesita del café y otros tres al lado del televisor, porque estoy necesitando mas orden en las habitaciones que compartimos… ¿estarías dispuesto a recoger los calcetines y llevártelos a tu habitación o meterlos en la lavadora?

Tengo una hija adolescente, intente probar esto y su respuesta fue: luego. Sin embargo, aún faltaba libro por leer.

La comunicación que bloquea la compasión

“El análisis de los otros es en realidad una expresión de nuestras propias necesidades y valores”

Los Juicios. Siempre que empleamos este lenguaje, pensamos y nos comunicamos desde la perspectiva de que algo falla en los demás porque se comportan de una determinada manera o, a veces, de que algo falla en nosotros porque no comprendemos o no respondemos como nos gustaría. Centramos nuestra atención en clasificar, analizar y determinar niveles de error más que en lo que necesitamos (nosotros y los demás) y no conseguimos.

Las comparaciones. ¿Quieres ser infeliz? compárate con los demás.

Negación de la responsabilidad. El uso de la expresión tan habitual: «tener que», como en el caso de la afirmación: «te guste o no, tienes que hacerlo», ilustra hasta qué punto nuestra responsabilidad personal por nuestras acciones se ve oscurecida por esta manera de hablar. En cuanto a la expresión: «hacer sentir», como en el caso de: «me haces sentir culpable», constituye otro ejemplo más de cómo el lenguaje nos allana el camino para que podamos negar nuestra responsabilidad personal con respecto a lo que sentimos y a lo que pensamos.

Negamos la responsabilidad de nuestros actos cuando atribuimos su causa a:

  • Fuerzas difusas e impersonales: Limpié mi habitación porque tenía que hacerlo.
  • Nuestro estado de salud, un diagnóstico o nuestra historia personal o psicológica: Bebo porque soy alcohólico.
  • Lo que hacen los demás: Le pegué a mi hijo porque cruzó la calle corriendo.
  • Órdenes de la autoridad: Mentí al cliente porque mi jefe me dijo que lo hiciera.
  • Presiones de grupo: Empecé a fumar porque todos mis amigos lo hacían.
  • Políticas, normas y reglas institucionales: Tengo que expulsarte por esta infracción porque es la política de la escuela.
  • Los roles asignados según sexo, posición social o edad: Me fastidia ir a trabajar, pero tengo que hacerlo porque soy marido y padre.
  • Impulsos irrefrenables: Me superaron las ganas de comer bombones y me los comí.
  • Podemos reemplazar el lenguaje que implica una falta de opción por el que reconoce una posibilidad de elección.

Las exigencias: La comunicación de nuestros deseos expresada en forma de exigencias constituye otra forma de lenguaje que bloquea la compasión. Toda exigencia amenaza explícita o implícitamente a la persona que la escucha con la culpa o el castigo, en caso de que no la satisfaga. Se trata de una forma de comunicación muy corriente en nuestra cultura, sobre todo por parte de quienes ocupan posiciones de autoridad.

Observar sin evaluar

El filósofo indio J. Krishnamurti dijo una vez que observar sin evaluar constituye la forma suprema de la inteligencia humana.

Si combinamos la observación y la evaluación seguramente la otra persona escuchará una crítica.

Distinción entre observaciones y evaluaciones

Comunicación

Ejemplo de observación Ejemplo de observación con evaluación sin evaluación

Uso del verbo «ser» sin indicar si la persona que evalúa acepta o no la responsabilidad de la evaluación.

Eres demasiado generoso.

Cuando te veo darle a alguien el dinero para tu almuerzo, creo que eres demasiado generoso.

Uso de verbos con connotaciones evaluativas.

Doug siempre posterga las cosas.

Doug sólo estudia para los exámenes la noche anterior.

Dar por sentado que las interferencias que uno hace de las ideas, los sentimientos, proyectos y los deseos de otra persona son las únicas posibles.

No terminará el trabajo a tiempo

No creo que termine el trabajo a tiempo o Ella dijo que no terminaría el trabajo a tiempo.

Confundir una predicción con una certeza.

Si tu alimentación no es equilibrada, vas a enfermarte.

Si tu alimentación no es equilibrada, temo que te enfermes.

No ser específico al citar ejemplos.

Las minorías no cuidan su vivienda.

No he visto que la familia que vive en el número 1679 de la calle Ross retire la nieve de la acera de su casa.

Usar palabras que implican habilidad sin precisar que se hace una evaluación.

Hank Smith juega mal al fútbol

Hank Smith no ha marcado un gol en veinte partidos.

Usar adverbios y adjetivos de maneras que no indiquen que se hace una evaluación Jim es feo.

No encuentro a Jim de físicamente atractivo.

Identificar y expresar los sentimientos

Cuando decimos la palabra “siento” seguida de “que”, la oración, pese a incluir el verbo «sentir», en realidad no expresa  verdaderos sentimientos sino sólo una opinión.

El lenguaje suele dar pie a confusiones, como cuando utilizamos el verbo «sentir» cuando en realidad no estamos expresando un sentimiento. Por ejemplo, en la frase: «Siento que no he hecho un buen trato», sería más adecuado decir «creo» que «siento». En general, no expresamos claramente nuestros sentimientos cuando en una oración, después de “siento”, utilizamos palabras como las siguientes:

  1. a) QUE: Siento que tú deberías haberlo sabido.
  2. b) COMO: Me siento como un fracasado.
  3. c) COMO SI: Siento como si viviera con una pared

Ejemplo

«Me siento ignorado.» Distingamos entre lo que sentimos y lo que pensamos o creemos que somos. Distingamos entre lo que sentimos y lo que pensamos de la reacción o comportamiento de los otros hacia nosotros. La palabra ignorado es más bien una interpretación del proceder de los demás que una declaración clara de cómo me siento. Sin duda en algunas ocasiones en que nos creímos ignorados sentimos alivio porque deseábamos que nos dejasen en paz. En otras oportunidades, sin embargo, nos sentimos ofendidos al creernos ignorados porque lo que queríamos era que nos prestasen atención.

Ejemplos de palabras que expresan cómo interpretamos a los demás más que cómo nos sentimos: abandonado despojado manipulado acorralado despreciado obligado amenazado estafado olvidado atacado excluido presionado atrapado explotado rebajado coaccionado forzado rechazado degradado humillado subvalorado desamparado incomprendido superfluo desatendido intimidado traicionado desdeñado invisible ultrajado desfavorecido maltratado utilizado.

Sugerencia. Elabora un vocabulario para los sentimientos Cuando expresamos nuestros sentimientos, usamos palabras que hacen referencia a emociones específicas en lugar de utilizar palabras vagas o de sentido general. Si decimos, por ejemplo: «Me siento bien», este «sentirse bien» puede significar que nos sentimos «felices», «entusiasmados», «aliviados», etc. Palabras como «bien» o «mal» impiden que la persona que escucha se conecte claramente con lo que sentimos en realidad.

Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos

Lo que hacen los otros puede ser el estímulo de nuestros sentimientos, pero no la causa.

Cuatro opciones para recibir un mensaje negativo:

  1. Culparnos.
  2. Culpar a los otros.
  3. Percibir nuestros propios sentimientos y necesidades.
  4. Percibir los sentimientos y necesidades de los otros

Ejemplo

A: «Cuando la otra noche me enteré de que no ibas a venir, me diste un gran disgusto.»

B: «Tuve un gran disgusto al enterarme la otra noche de que no ibas a venir porque quería hablar contigo de ciertas cosas que me están molestando.»

La persona A atribuye la responsabilidad de su disgusto únicamente a la acción de otra persona, mientras que la persona B atribuye el origen de su sentimiento de disgusto a su propio deseo no satisfecho.

Es útil reconocer algunas expresiones de uso común que tienden a enmascarar la responsabilidad por nuestros propios sentimientos:

1) Expresiones de carácter impersonal: «Me indigna descubrir faltas de ortografía en los folletos destinados al público». «Este tipo de cosas me saca de quicio.»

2) Afirmaciones en las que sólo se hace referencia a lo que hacen los demás: «Me duele que no me felicites el día de mi cumpleaños». «Si no te terminas la comida, mamá se pondrá muy triste.»

3) Uso de la expresión «Me siento… (más una palabra que exprese una emoción) porque…” (haciendo luego referencia a otra persona o usando un pronombre personal que no sea “yo”): «Me siento triste porque dijiste que no me quieres». «Estoy enojado porque la supervisora no cumplió lo prometido.» En cada uno de estos ejemplos podemos ahondar más en la conciencia de nuestra responsabilidad utilizando la expresión: «Me siento… porque yo…».

En cada uno de estos ejemplos podemos ahondar más en la conciencia de nuestra responsabilidad utilizando la expresión: «Me siento… porque yo…».

1) «Me indigna descubrir faltas de ortografía en los folletos destinados al pú- blico porque me gustaría que nuestra empresa proyectase una imagen profesional.»

2) «Si no te terminas la comida, mamá se siente decepcionada, porque quiero que crezcas fuerte y sano.»

3) «Estoy enojado al ver que la supervisora no cumplió su promesa, porque yo había contado con ese fin de semana largo para ir a visitar a mi hermano.»

Los juicios que hacemos sobre otras personas son expresiones alienadas de nuestras propias necesidades insatisfechas

Si alguien nos dice: «Tú no me entiendes», lo que está diciéndonos en realidad es que su necesidad de ser comprendido no está satisfecha. Cuando nuestra esposa nos dice: «Esta semana estuviste trabajando todas las noches hasta muy tarde; tu trabajo te importa más que yo», lo que nos dice en realidad es que necesita que seamos más afectuosos con ella.

Si no valoramos nuestras necesidades es posible que los otros tampoco lo hagan

Pasar de ser esclavos de nuestras emociones a liberarnos de ellas expresándolas

A lo largo de nuestra evolución hacia un estado de liberación emocional, la mayoría de nosotros pasamos por tres etapas en nuestra forma de relacionarnos con los demás

Primera etapa. Esclavitud emocional: nos percibimos responsables de los sentimientos ajenos.

Segunda etapa. “Antipática”: nos sentimos enojados; no queremos ser responsables de los sentimientos ajenos. Quizá nos enoje reconocer cuánto hemos desperdiciado la vida, y cuán poco hemos respondido a los llamados de nuestra alma. Cuando me refiero a esta etapa, la llamo en broma «la etapa antipática», porque acostumbramos hacer comentarios como: «¡Ése es tu problema! Yo no soy responsable de tus sentimientos». Tenemos claridad de aquello sobre lo que no tenemos responsabilidad pero todavía no hemos aprendido cómo ser responsables ante los demás de una forma que no nos esclavice emocionalmente.

Tercera etapa. Liberación emocional: nos responsabilizamos de nuestras intenciones y acciones. respondemos a las necesidades de los demás con compasión, nunca por miedo, sentimiento de culpa o vergüenza. Así, nuestros actos nos colman de satisfacción no sólo a nosotros mismos, sino también a las personas que reciben nuestros esfuerzos. Aceptamos la plena responsabilidad de nuestras intenciones y nuestras acciones, pero no nos hacemos responsables de los sentimientos de los demás. Una vez alcanzada esta etapa, ya tenemos el pleno convencimiento de que no llegaremos nunca a satisfacer nuestras necesidades a costa de los demás.

Lo que pedimos a los demás para enriquecer nuestra vida

  • Las peticiones en un lenguaje de acción claro, positivo, concreto, revelan lo que verdaderamente queremos.
  • Cuando sólo expresamos nuestros sentimientos quizás a nuestro interlocutor no le resulte claro lo que esperamos que haga
  • A menudo no somos conscientes de lo que pedimos.
  • Las peticiones que no van acompañadas de los sentimientos y necesidades pueden parecer exigencias.
  • Para asegurarnos de que el mensaje que enviamos sea el que se recibe, pidámosle al que lo recibe que lo confirme.
  • Cuando una persona percibe que le están exigiendo algo, sólo ve dos opciones: someterse o rebelarse.

¿Cómo determinar si es una exigencia o una petición?

Observemos lo que hace el interlocutor si no se cumple con la petición. Es una exigencia si nuestro interlocutor nos critica o juzga. Es una exigencia si nuestro interlocutor intenta que nos sintamos culpables. Es una petición si nuestro interlocutor muestra empatía con respecto a nuestras necesidades.

Cuando vamos a pedir algo, resulta útil que antes exploremos nuestros pensamientos y veamos si se parecen a algunos de los siguientes, los cuales transformarían automáticamente nuestras peticiones en exigencias:

  • Él debería haber dejado todo limpio.
  • Ella tendría que hacer lo que le pido.
  • Merezco que me aumenten el sueldo.
  • Tengo motivos para hacer que se queden hasta tarde.
  • Tengo derecho a más tiempo de descanso.

Cuando formulamos nuestras necesidades de esta manera, si los demás no hacen lo que les pedimos tendemos a juzgarlos.

Nos vemos en la segunda parte!

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Barbara Cuesta

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