Inflexibilidad

Normalmente al terminar cualquier clase del gimnasio, recojo mis cosas y me voy con el grupo de gente que se aglomera en la puerta. El profesor, que se va quedando solo, exclama esperando ser oído y despertar algún interés: ¡Pueden quedarse para la media hora de estiramiento! Algunos atienden al llamado pero la mayoría nos vamos: “es para personas mayores”, o “ya estiré en la clase anterior”… bajando por la escalera, motivada por la curiosidad y viendo que aún tenía tiempo decidí quedarme esta vez, pensé: media hora pasa bastante rápido.

Fue como lo esperaba: música suave, algunos sin zapatos, luces apagadas y todo el mundo en actitud “zen”. A los 10 minutos de haber comenzado la clase comenzó este dialogo interno en mi cabeza:

  • Apenas han pasado 10 minutos
  • ¿Qué más partes del cuerpo vamos a estirar?
  • Pensé que no dolía, pero si duele
  • Que poco flexible soy
  • La señora del frente, es mayor que yo y es más flexible
  • ¿Qué haré para comer?
  • ¿Por qué estoy pensando esto y no estoy concentrada en lo que estoy haciendo?
  • Apenas han pasado 13 minutos
  • ¿Será que me voy antes?
  • Y así sucesivamente

Reflexionaba de lo flexibles que son los niños pequeños… ¿En qué momento me volví tan rígida? ¿Por qué duele la flexibilidad? ¿Qué dice mi cuerpo de mi mente?

Estas interrogantes me hicieron recordar del libro La enfermedad como camino lo siguiente: “Al observar a una persona, hemos de distinguir si se identifica con su postura externa o si tiene que adoptar una postura forzada. En el primer caso, la postura refleja su identidad consciente. En el segundo, en la rigidez de la postura se manifiesta una zona de sombra que él no aceptaría voluntariamente

He leído algo sobre este tema, en algunos casos relacionan partes del cuerpo a emociones o situaciones sin resolver, otros plantean interrogantes como ¿Estoy realmente haciendo lo que deseo y lo que quiero hacer?, ¿Soy inflexible a los cambios de direcciones por tomar en mi vida?, por citar algunos ejemplos. En mi caso particular, durante esa media hora de estiramiento, más allá de darme cuenta de mi propia inflexibilidad física que puede verse (sin duda) relacionada a algunas situaciones de mi vida donde estoy siendo inflexible, lo que me queda a manera de reflexión es mi saboteante actividad mental. Dándome respuesta durante el ejercicio:

  • Apenas han pasado 10 minutos – No tienes apuro, relájate
  • ¿Qué más partes del cuerpo vamos a estirar? – Hay partes de tu cuerpo que ni conoces, relájate
  • Pensé que no dolía, pero si duele – Estira hasta donde puedas, no es una competencia
  • Que poco flexible soy – En muchas cosas lo eres, que bueno que lo notas, ahora relájate
  • La señora del frente, es mayor que yo y es más flexible – De nuevo, no es una competencia
  • ¿Qué hare para comer? – Te ocupas de eso al salir de aquí, ahora relájate
  • ¿Por qué estoy pensando esto y no estoy concentrada en lo que estoy haciendo? – ¿Ves? Eso SI es una buena pregunta

Probablemente has tenido este diálogo interno en este caso o algún otro en tu vida. Hago consciente mi dificultad para relajarme y disfrutar, también hago consciente como me siento ansiosa cuando la actividad que realizo está contenida en un silencio o lentitud donde quedo a solas con mi mente. Me quedo con esto para reflexionar.

La próxima vez, probaré el Tai Chi

Barbara

¿Quieres más información?

¡Apúntate! y recibe gratuitamente novedades, noticias, actualizaciones, herramientas y comentarios adicionales de los artículos : )

Please follow and like us:

You May Also Like

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Enjoy this blog? Please spread the word :)