¿Ayuda? … ¡No gracias!

Hubo algún momento en el que pensé que no necesitaba a nadie. Que duro fué darme cuenta de que era cuando más necesitaba a alguien…

Probablemente pienses que no necesitas a nadie, podrías creer que tienes que hacerlo todo sol@ o simplemente se te olvido que no estás sol@. Podrías pensar que son los demás los que necesitan de ti, que te bastas sol@ con tu manejo emocional y tu soledad.

Podría ser así… para algunas cosas. Parte de crecer implica aceptar el hecho innegable de que necesitamos ayuda. Creo que valdría la pena analizar la frase: “yo no necesito ayuda”, preguntaría: ¿en nada? ¿Realmente eres capaz de decir que no necesitas ayuda en nada? Vamos a ver: ¿cultivas tus alimentos? ¿sabes arreglar el coche? ¿alguna vez te has enfermado?. Quizás pienses lo que pensé yo: ¡bueno que exagerada! ¡Para eso todos necesitamos ayuda!…

Es cierto que para algunas cosas no necesitas ayuda, pero para otras sí. Este es el primer paso para entender que, de alguna forma u otra, el otro es importante. Es importante porque nos enseña quienes somos. Sin el otro no puedo ver lo que me molesta, lo que me entristece, lo que me alegra… el otro es un espejo que nos permite crecer.

Te regalo este cuento:

Hubo una vez un joven que quería ser sabio. Pregunto a la gente de la aldea: ¿Qué tengo que hacer para ser sabio? Y la gente le contestó: normalmente los sabios se retiran a las montañas, así que se retiró a las montañas. Allí pasaron muchos años y el joven se hizo adulto. Decidió que ya era sabio así que volvió a la aldea. Camino de regreso tropezó con una bella mujer que cargaba agua. Él le dijo: ¿me permite que la ayude?, ella lo miro de arriba abajo con desprecio al verlo sucio y desaliñado y le dijo: ¡Acaso le pedí ayuda! y siguió caminando. El joven, que ya era un hombre, sintió mucha rabia y pensó: ¡Que mujer tan mal agradecida! Siguió caminando y al llegar a la aldea un grupo de gente se burló de su vestido y su mal aspecto… comenzaron a gritarle: ¡Hombre date un baño y busca un trabajo!¡No te da vergüenza caminar por la aldea en esas fachas?! … el joven ardió en ira y les dijo: ¡No saben con quién hablan! ¡Soy un sabio! ¡He vivido en las montañas mucho tiempo! ¡Me he alimentado de insectos y he pensado mucho sobre la vida! ¡Son todos unos pobres ignorantes y mal educados! En ese momento el grupo de gente hizo silencio… el joven se escuchó y se dió cuenta. Fue su primer paso a la sabiduría. Bárbara Cuesta

Pregúntate

¿En que necesitas ayuda? ¿Te dejas ayudar? y lo más importante … ¿Que ganas no pidiendo ayuda? 

Barbara

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